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| El hombre ante un Dios Santo Por Ps. Miguel Rosell Carrillo (Madrid-Esp.) |
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Tratando de agradar
Por Vicente Mercado Santamaría (Barranquilla - Col.) |
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¿Por qué perdonar?
Por Luz Arriaza (Santiago de Chile) |
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La clave está en perseverar
Por Alfredo Duarte Martínez
(Cali - Colombia) |
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Creciendo con Jesús
Por Ana Ligia Ramírez
(Cali - Colombia) |
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Somos sembradores
Por María Edith Rojas
(Cali - Colombia) |
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Capacitar padres para educar niños
Por Dr. Juan Barek |
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¿Estás satisfecho con lo que tienes?
Por Alfredo Duarte M. |
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1 TIMOTEO 6:6.-Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero sólo si uno está satisfecho con lo que tiene.
Una preocupación que ocupa gran parte de la vida del hombre, es la de poseer más y más con miras a sentirse seguro para la vida presente y futura, pero curiosamente se ve que entre más tiene más quiere, y cada vez que cree que ya encontró el nivel de satisfacción aparece una nueva escala de insatisfacción, y así se la pasa toda la vida tratando de llegar a un punto de equilibrio en donde las necesidades se vean plenamente cubiertas con sus activos, pero nunca lo halla.
Los bienes materiales jamás llegarán a satisfacer cabalmente a la persona, y aunque en ocasiones se tenga un grado de regocijo aparentemente completo, muy rápidamente se desvanece para dar entrada nuevamente a las ansias de poseer mas y mas, con la gravedad que no son solamente los bienes materiales los que ocasionan ese afán por tener más y más, sino que también se quiere poder y prestigio ante los demás, pero siempre con un tinte egoísta y personalista.
Esta realidad contrasta enteramente con el pensamiento de Pablo, cuando dice en Filipenses 4:11.- “No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre”. Y esto nos hace meditar acerca de este asunto para querer entender cómo hizo Pablo para estar en esta condición tan apetecible de contentamiento.
En mi experiencia como gerente de una sucursal de una Compañía de Seguros, pude ver cómo a los empleados a quienes pretendía motivar con un aumento de sueldo, el tiempo de satisfacción duraba muy poco, pues en escasos meses surgía nuevamente la inconformidad. Igualmente logré entender que a quienes les motivaba con activos intangibles, como por ejemplo el permitirles participar activamente en las decisiones y orientaciones de la sucursal, tenían un período mucho más prolongado de incentivación, concluyendo que hay cosas que tocan mas con el espíritu, que son verdaderamente efectivos para lograr la satisfacción de la persona.
Así las cosas vamos viendo claramente cómo Pablo podía encontrar ese punto de equilibrio en que hay satisfacción completa con lo que se tiene, y que no se desea poseer más en el orden material, sino que más bien se anhela madurar espiritualmente para poder discernir con sabiduría los propósitos de Dios en los bienes y dones que él nos ha entregado para nuestro uso racional.
Para entender mas palmariamente esto, asomémonos rápidamente a identificar los tres tipos de hombres que se mencionan en la Biblia, donde veremos la presencia, carencia o ausencia de satisfacción, según sea el tipo de hombre con el que cada uno se reconozca.
- Hombre Natural, no percibe las cosas que son del Espíritu, porque las considera locura, ya que ellas hay que discernirlas espiritualmente. 1 Corintios 2:14
- Hombre carnal, es el que no ha madurado espiritualmente, y aunque percibe las cosas del Espíritu, sin considerarlas locura como el hombre natural, no las logra discernir plenamente. 1 Corintios 3:1
- Hombre espiritual, El hombre espiritual crucifica continuamente los deseos de la carne, manteniendo una vida con un alto nivel espiritual. 1 Corintios 2:1
Con este conocimiento observamos las etapas de desarrollo cristiano, donde antes de nacer de nuevo éramos naturales, cuando nacimos de nuevo pasamos a ser carnales, porque teniendo a Cristo en nuestro corazón, seguimos con secuelas de la vida pasada que es necesario ir destruyendo mediante la intimidad con el Señor a través de la oración y el estudio y práctica de su palabra, para así llegar a ser espirituales, donde nos desprendemos de las ambiciones materiales para desear lo relacionado con Jesucristo y la vida eterna.
Cuando uno llega a asumir esa vida espiritual centrada en Cristo Jesús, es cuando podemos entender lo que Pablo escribió estando encarcelado en Roma, en la carta dirigida a los Filipenses en los versículos 21 al 24 del capítulo 1, donde dice así: “ Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Ahora bien, si seguir viviendo en este mundo representa para mí un trabajo fructífero, ¿qué escogeré? ¡ No lo sé ¡ Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este mundo”.
Estando ya en un estado como el que se muestra en Pablo, los objetos materiales no son la razón de la vida, sino que hay cosas mas sublimes, que son las que debemos alcanzar para ser verdaderamente espirituales, convencidos de que la abundancia de bienes materiales no son los que nos dan vida, sino aquellas cosas intangibles para la carne pero sensibles para el espíritu, llegando así a experimentar un genuino contentamiento.
Hay que tener claro que espiritualidad no es sinónimo de pobreza, y no necesariamente poseer menos demuestra que se es libre de ambición y de la compulsión de consumir, puesto que hay quienes teniendo poco ven con desagrado a quienes han sido bendecidas con más cosas, y lo importante es no depender de esas cosas materiales sino de Jesucristo.
El centro de nuestro contentamiento debe ser nuestra confianza en que Cristo es todo lo que él dice ser y de que él conoce nuestras necesidades y las cubrirá, y de que si lo tenemos a él es suficiente.
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